Mi hijo mayor llevaba recibiendo tratamiento desde los dos años en distintos centros, y aunque todos ellos hicieron un esfuerzo encomiable porque mi hijo superara sus puntos de mejora, he de decir que en el centro psicopedagógico Impulso su progreso fue impresionante. Y ya no hablo sólo de que avanzara muy rápidamente, sino que le encantaba ir a sus “clases”. Adoraba (y adora) a Rocío y a todos sus camaradas, y todavía hoy, ya con el alta en las manos, sigue contándonos aventuras de Impulso. No hay palabras para agradeceros lo que hicisteis por nosotros, así que por si esto ayuda a que otros niños y otros padres sientan lo mismo, aquí os dejo mi eterno agradecimiento. Un abrazo.

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